Diciembre es un mes en el que los proyectos dan más la sensación de llegar a su fin que de continuar. Todos queremos cerrar el año y a veces perdemos de vista que las acciones de comunicación no tienen un claro final, si es que tienen un final. La mayoría de nosotros tiene escasa cultura de valoración del proceso y, en cambio, mucho aprecio por los logros tangibles.
Sin embargo, todo trabajo demanda un “paso a paso” en el que los tiempos son tan fundamentales para organizarlo, como relativos al momento de evaluar resultados.
Por ejemplo, el desarrollo de un folleto sobre un determinado producto o servicio tiene instancias, plazos, intercambio y un entregable: el folleto impreso. Pero, en términos de comunicación, si bien ese pudo ser el final del trabajo presupuestado, las acciones de comunicación comienzan cuando el folleto empieza a circular:
¿Cómo lo repartimos? ¿Lo reciben las personas en las cuales pensamos como destinatarios? ¿Cómo lo recepcionan las personas que lo reciben? ¿Qué genera ese follero en circulación? ¿Cumplimos los objetivos que nos propusimos?
En el universo de los medios digitales (mailings, web site, redes sociales, posicionamiento, entre otros) la ausencia de final de los procesos comunicativos es mucho más clara. Siempre se está en versión Beta. Las instancias, el intercambio, el diálogo, la innovación y los pequeños entregables son cosa de todos los días.
Orientar la mirada y el tiempo a la búsqueda de soluciones
Ocurre también –y muchas veces- que los procesos se ven demorados por circunstancias adversas. Pocas son las organizaciones que incorporan los inconvenientes y construyen a partir de ellos. Se pierde en esta incapacidad lo importante que es darle tiempo a la búsqueda de soluciones, porque es en esa búsqueda en la que aparecen aquellas alternativas que nos permiten diferenciarnos, ya que el proceso en ciencias sociales siempre es un camino particular e irrepetible.
¿Cuánto pueden aportar entonces los procesos de desarrollo de las acciones de comunicación a la generación de valor en nuestros emprendimientos?
Detrás de esta necesidad de ser flexibles con los plazos cuando surgen problemas, y creativos en las soluciones que buscamos para responder las nuevas circunstancias planteadas, se juega siempre la capacidad de una organización de entender el proceso de trabajo como instancia para la generación de valor.
Y no es posible construir valor en una organización que no es capaz de incorporar el proceso como herramienta.
Éste ha sido uno de los aprendizajes más fuertes del año: la ganancia intangible de un período difícil. Por ello, nos parece adecuado compartirla, para que el beneficio sea para todos.
Felices Fiestas y hasta el año que viene…